Cuando cierro mis ojos te veo ahí fuente de mi infancia, ahí en ese lugar rodeado de gigantes árboles frondosos dónde garzas, tordos, gorriones, chirichas, lechuzas, y hasta uno que otro jilguero enamorado, posaban para presenciar un espectáculo mágico, impregnado de familias Tetelenses y visitantes.
Me refiero al centro del parque de Tetela de Ocampo y para ser preciso a la FUENTE. Esta antigua fuente fue el centro de atención de todos, era punto de reunión de jóvenes alumnos que cursaban sus diferentes niveles de educación, desde la primaria, secundaria y bachillerato.
Alrededor de esta antigua fuente se daban cita la parejas que recién se cortejaban, al igual las que ya habían consolidado su compromiso de amor. La fuente antigua los arropaba con un suave manto de romanticismo, acompañado de suspiros de amor y besos robados.
Muchas familias y público en general se reunían en la antigua fuente para disfrutar de su magia y encantó. Los adultos o padres o tíos se contagiaban de la alegría de sus familiares niños.
Los infantes felices en su mundo e imaginación se paseaban de un lado al otro de la fuente antigua, jugando, corriendo, saltando, escondiéndose, chapoteando el agua con sus manitas y con el cuidado del adulto para que no se caiga el chiquillo dentro.
Los sábados de gloria que bellos y alegres recuerdos tengo, al igual que usted querido y respetado lector, paisano, familia y gente linda, cuántos recuerdos en un sábado de gloria. Alegría por doquier, jejejee, salvese quien pueda, corre, corra, te mojan.
Todos o casi todos le entramos a la gozadera de mojar o ser mojados. No falto la persona que se resbaló por el piso mojado o de susto, pero la gente los apoyó, los ayudo a levantarse para continuar. No falto la niña o niño que lloró por qué lo mojaron, igual tarde que temprano se integro a la algarabía.
Cuántos eventos sivicos, socio culturales, se presenciaron con nuestra anfitrion de lujo, nuestra antigua fuente. Mía, tuya, de usted, de todos, del pueblo, patrimonio único e irreparable e inamovible. Cuántos grandiosos recuerdos.
Los ensayos de serenatas ahí se presenciaban muchas tardes de niebla total y absoluta. Los ensayos de banda de guerras, de escoltas, de números musicales, de teatro, de educación, etc, etc, cuan dichosos fuimos de tener a su majestad la fuente antigua.
Hoy mis versos, mi poesía, mi relato, mi historia, a manera melancólica enamorada, evocan a esa amada hermosa que me hizo soñar, y que aún la sueño, aún la veo soñando despierto. La llevo en mis recuerdos, en mi infancia, juventud y adultes.
Aún la llevo en mi corazón, mi fuente, tu fuente, su fuente, la fuente de todos los Tetelenses. Memorias que respiran, recuerdos que viven en cada latido de mi corazón.
Fuente antigua de mi querido Tetela de Ocampo, te sueño despierto cuando ando por tus campos, por tus calles, por tus parques y por todo lo alto de las montañas.
Mi alma a la tuya se fundió en oro puro el día que te conocí fuente antigua. Gracias por sentarme en tus firmes estructuras arquitectónicas, gracias por bendecirme con tu agua fresca impregnada de lunas y estrellas, de suspiros y de amores consumados.
Gracias por estar conmigo y mi niñez, conmigo y mi juventud con amigos y guitarras. Ya soy adulto y no te volví a ver, ya no pude llevar a mi familia e hijas para que te vieran y enseñarles todo lo que tú me compartiste, aún así, amada fuente antigua, la luna me habla de ti, el sol aún me refleja los rayos de oro de tus entrañas.
Autor: Nelson Torres Ojeda
Pseudónimo: Nelson Hidalgo
Tetela de Ocampo, Puebla, México.
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