Una fila larga de colosos verdes frondosos y gigantes que se ven desde casi cualquier punto de Tetela de Ocampo, me refiero a esos imponentes árboles de más de 20 metros de altura, de niño me dijeron que esos árboles se llaman Papalotes, y el río que pasa por la cañada que baja hasta San Nicolás y sigue su curso se llama rio Papaloteno.
El camino viejo que va de Tetela de Ocampo con destino a la cañada está lleno de encanto propio, me di cuenta de eso desde muy niño, mi familia nos llevaba a pasear por ese sendero aventuroso.
Un recuerdo que tengo en aquellos años fue la experiencia de adentrarme a un mundo mágico, que desde su inicio me encontré con dos murallas que engalanan el camino, una era de pura piedra acomodada por nuestros ansestros a manera de barda, o protección de algo tal cual una fortaleza, la otra era el mismo bordo presente con sus arbustos, frutales como el aguacate y durazo.
En ese andar me atrapo la curiosidad de sus criaturas presentes, fue maravilloso presenciar la danza de las mariposas, entre ellas amarillas, azules, de muchos colores, grandes, chicas y por su puesto su majestad la monarca.
Fue entonces cuando en las orillas de la rivera yo ví a todas ellas, delicadas, pero al ritmo de sus alas bailaban para mí, el viento se portó generoso, fue suave e igual danzaba con las mariposas. Los enormes papalotes cantaban una canción de vida, de libertad, se movían al son de los trinos de las aves, entre ellas los jilgueros, colibrís, primaveras, gorriones, chirichas, tordos, garzas, etc. Jamás había presenciado un show musical tan bello.
Mi recorrido fue acompañado de singulares lagartijas curiosas, chintetes guardianes de las murallas de piedra, grillos saltarines que presumían su belleza en el campo.
El agua del cause era la cantante principal, sus sonidos se podían escuchar a lo lejos, nunca paro de cantar, lo hace de día y de noche con diferentes tonalidades. Hasta la fecha aún la puedes escuchar cantar, por todo el camino viejo, pasando por la soledad, hasta llegar a la cañada.
Se respira vida, libertad. En ese viaje por el camino viejo rumbo a la cañada, note los latidos del corazón de la madre tierra, basta con cerrar los ojos, escuchar a los árboles, el viento, el agua, sus criaturas y su suelo.
Tierra fértil, tierra húmeda, tierra para siembra y tierra de todos, tierra Tetelense.
Quede atrapado en el encanto todo el recorrido, llegando a la soledad me sentí uno solo con la belleza de su naturaleza.
Las mismas piedras del camino y de las murallas hablan, te guían a cada paso que das, te acompañan hasta llegar a la cañada.
Ahí en la cañada ya empapado de sombra, de olas de de música fresca, sones de los papalotes, olor a raíz y a tierra de oro. Mis ojos se abrieron tan grandes para apreciar de esa joya brillante, un lugar donde se siente el palpitar de cada segundo del tiempo, es como entrar a una dimensión donde cada poro de la piel respira vida, libertad y amor.
Ese rincón amado se llama la Cañada. Es llegar al paraíso mandado a hacer a tu medida. Ahí el tiempo es tu amigo, te apapacha, te abraza te invita a sentir la experiencia de la tranquilidad, para que disfrutes de ti mismo y te des cuenta de tu existencia.
La cañada es como tu casa, es cálida, es bondadosa, es mágica, es un lugar seguro que te brinda paz, libertad y amor.
Ahí en la cañada se une lo hermoso y lo mistico. Una rosa roja te enamora al mismo tiempo el calor amigo de su gente te adopta como hijo Tetelense. El resplandor de los corazones de su gente brilla por todos lados. No te puedes perder en la oscuridad de la nada, los candiles de amor están por doquier.
Las montañas que cuidan a la cañada, lanzan millones de bendiciones cada mañana cuando el sol sale, los rayos del sol son los mensajeros, ellos llevan el encargo a toda la cañada. Cuenta la gente que desde lo alto llueven bendiciones.
Igual puedes llegar a la cañada en auto, también la carretera pavimentada te regala paisajes sin iguales desde otro ángulo. El recorrido en ambos caminos es seguro y quedarás fascinado de su magia y belleza.
Puedes disfrutar de actividades sanas como respirar aire puro, contacto respetuoso con la naturaleza y sus criaturas o su ecosistema. La calidad del aire es vida para tu mente, corazón y cuerpo.
La calidad de su gente es un tesoro invaluable, además ya hay lugares adaptados para que toda la familia disfrute de la cañada. Ahí hay más historias como la mía, ahí en la cañada te roban el corazón mágicas aventuras y cuentos.
Visitalo, te lo recomiendo apreciado lector. Ese lugar es patrimonio natural e histórico de Tetela de Ocampo. Grandes hombres ilustres, dieron su vida, su talento y logrando así la Gloria a la libertad de México, defendiendonos de invasores extrangeros. En esta ocasión hablo del General Juan Crisostomo Bonilla, quien fue maestro de educación primaria aquí en la cañada y nacio aquí en Tetela de Ocampo.
Autor: Nelson Torres Ojeda
Pseudónimo: Nelson Hidalgo
Tetela de Ocampo, Puebla.
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