Son las siete de la mañana en Tetela de Ocampo, me despertó la alarma fresca de la madrugada, aún está ahí, es fragancia de rocío helado que estuvo toda la noche y amaneció con los primeros cantos de los gallos puntuales, sargentos colorados de admirar.
Sentí caricias suaves de amor, sus manos ligeras tan ligeras como el aire, se paseaban por todo mi rostro, una y otra vez jugaban en mis ojos aún cerrados, ví como se escondian en mis pestañas para luego salir corriendo de ahí y brincar a mis mejillas.
Que bárbara cachetada me planto el susurro enamorado de la fresca mañana. Fue entonces que mis ojos decidieron vestirse de día, se pusieron las botas andariegas para salir al encuentro de su amada y hermosa mañana que impaciente de su soledad fría se atrevió a confiar en mí, ella sabía que me hacía el dormido para sentir sus manos frías sobre mi rostro, que bastó un siglo de segundos para sentirme amado por ella.
Al propósito me besó como nunca antes nadie lo había hecho, ella sabia que yo no me podía resistir a su forma de amar, ella me escogió, yo no lo busque, fue ella la que me encontró dormido en mi cama, se apiadó de mi sueño, espero su turno, y acompañada del tiempo y el destino se lanzó con todo su amor hacia mi.
En ese momento mi corazón fue arropado por la cobija de amor de la dama de hielo. Ella, se llama madrugada, fresca mañana, ya amaneció, despierta, etc tiene muchos nombres, es como un agente incubierto que cambia de Identidad para ir tras su objetivo de país en país.
Ella lo sabía, está tan segura que cada mañana se alimenta de mis suspiros enamorados, aunque a veces me peleó con uno que otro ruido ageno externo de algún auto que está siendo acelerado, o los perros o mascotas del barrio que le ladran a un gato borracho de hambre que esta perdido en la niebla de su imaginación.
Eso me interrumpe, ella se va, se desvanece, se pierde, es tímida, no le gustan las interrupciones cuando los dos estamos hablando el lenguaje del amor de la creación, luego la llamo, ella vuelve con su cobija de amor, me vuelve a abrigar y volvemos a empezar hasta deapertar juntos con el tiempo y el sol.
Autor: Nelson Torres Ojeda TOONEL
Pseudónimo: Nelson Hidalgo.
Lugar : Tetela de Ocampo, Puebla.
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